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domingo, 25 de mayo de 2008

Confrontación del dolor

Cantos de abajo.
La voz del poeta
Phillipe JACCOTTET.
Ediciones del Círculo de Bellas Artes. 2007.
Prólogo de Juan Barja y traducción de Rafael-José Díaz.

Más que reseña de libro en sí, quiero presentar esta brevísima joya como una invitación a redescubrir esta voz insobornable, aprovechando que vuelve a Madrid a leer el próximo 11 de junio. Cantos de abajo supone la personal selección que hiciera el poeta suizo Philippe Jaccottet de su libro A la luz del invierno durante la lectura de poemas celebrada en el Círculo de Bellas Artes el 6 de mayo de 1998. Diez años después el poeta regresa a nosotros y por ello merece la pena releer su trabajo.

De la mano en este caso de su excelente traductor (el también poeta Rafael-José Díaz), Cantos de abajo constituye una cata deslumbradora en la obra de este autor. Como nos advirtiera Enrique Moreno Castillo en su Dieciocho poetas franceses contemporáneos la poesía de Jaccottet “habla, con un lenguaje humilde y despojado, del desamparo del hombre, de la transitoriedad y de la muerte”. Cantos de abajo no escapa a estos mismos temas y, de manera unas veces sombría («Tengo la cabeza llena de vislumbres, reflejos / en las trampas de un río tenebroso,/ me acuerdo de bocas infatigables en sus bordes—») y otras indagatoria («Escribe rápido este libro, acaba hoy pronto este poema / antes de que te atrape la duda de ti mismo»), nos coloca ante la propia fragilidad del ser humano con lucidez y sin escapismos velados.

La obra de Jaccottet constituye una parada imprescindible en la poesía francesa de la segunda mitad del siglo veinte, junto a otros nombres como Francis Ponge (con quién trabó amistad) o Yves Bonnefoy (por citar sólo dos de los que han sido profusamente traducidos en España). Por todo ello, debemos felicitarnos por la recuperación de este texto y animamos a todos los lectores a reencontrarse con un poeta que, evitando cualquier veleidad preciosista, nos dibuja su personal “confrontación del dolor”. Disfrútenlo.

jueves, 22 de mayo de 2008

Camino de destrucción

La carretera (2007)
MCCARTHY, Cormac

¿Quién es Cormac McCarthy? Aunque unas pocas fotografías nos dan idea de su semblante concentrado, cuidar de su intimidad y rehuir las entrevistas le ha permitido forjarse una biografía casi tan secreta como la de J. D. Salinger (El guardián entre el centeno, 1951) o Thomas Pynchon (El arco iris de la gravedad, 1973). Al menos, el éxito de la película No es país para viejos, de los hermanos Coen, basada en una novela suya, le ha brindado la oportunidad de ganar más lectores.

La carretera (Premio Pulitzer, 2007) tiene vocación de apocalipsis. Desde el punto de vista de la historia, nos presenta un mundo asolado que la catástrofe ha cubierto de una pátina de ceniza permanente; desde el punto de vista del relato, la fragmentariedad del discurso adelgaza el estilo a una prosa seca con intermitentes rescoldos de lirismo.

Un padre y su hijo peregrinan hacia el sur por una carretera que podría llevarlos a la salvación. Sólo el contrapunto de las ciudades calcinadas y los pueblos de donde apenas puede rescatarse nada los aparta de la ruta en busca de alimento. En un cambio de era donde la naturaleza es ajena al sufrimiento y donde la ética es un terreno baldío, la ambigüedad lo penetra todo: la trampilla del sótano de una casa abandonada puede llevar al espanto o a la felicidad como si entre ellos no existiera gradación alguna.

Que nadie espere una novela experimental al uso: aquí importa la intensidad del símbolo, no el alarde técnico. No obstante, más allá del admirable logro de atraparnos en una desolación sin límites, una cierta monotonía descriptiva, sobre todo en el primer tercio de la obra, y un exceso de esquematismo en el retrato de los personajes amenaza la perfección de La carretera.

domingo, 18 de mayo de 2008

Devastación

Chesil Beach. Ian McEwan (Anagrama, 2008)


No soy muy dado a comentar libros basándome en su carga emocional, creo que su apreciación puede ser aún más subjetiva de lo que por si ya resulta el comentar una obra de ficción. Ha pasado un tiempo desde que acabé esta novela de Ian McEwan, autor del que solo había leído anteriormente Amsterdam (de la que guardo un agradable aunque muy difuso recuerdo) y aun no puedo desligar el placer literario que me produjo del amargo y doloroso trueno que provocó en mi interior. Así que mando a paseo los consejos de mantener la cabeza fría y me lanzo sin vergüenza a recomendar esta breve e intensa novela con el ardor de un ingenuo novato.

No obstante he de hacer una aclaración. No suele ser habitual, pero leí Chesil Beach en ingles. De vez en cuando leo en su idioma original algún ensayo pero meterse con una novela es harina de otro costal. No obstante la he releído en su bien trabajada traducción al castellano y no ha variado un ápice mi opinión sobre la misma. Pues bien, todo esto viene al caso de que cuando recibí On Chesil Beach una de las cosas que más me sorprendieron era la frase 'promocional' que aparecía en la cubierta, al parecer extraída del suplemento dominical del diario The Independent. 'Wonderful... Exquisite... Devastating', rezaba la misteriosa línea. Una vez acabada la lectura no puedo estar más de acuerdo con el autor de ese haiku critico, ese slogan minimal.

Protagonizan la obra de McEwan una pareja de recién casados en un día de verano de 1962. Dos jóvenes, juiciosos y maduros, bien educados, que acaban de llegar a un hotel de la costa británica en su noche de bodas. El autor describe con puntilloso detalle cada instante de esa primera intimidad matrimonial desplegando una cualidad casi decimonónica en su análisis de los miedos e inseguridades de la joven pareja. Los capítulos de meticuloso acercamiento carnal se van alternando con miradas al pasado de los protagonistas. En éstos, McEwan va describiendo la inevitabilidad de un destino caprichoso que empareja a dos personas azarosamente y que, por lo tanto, tiene el mismo poder de unir como de separar tan solo ayudándose de un instante afortunado o cruel.

Con un estilo elegante, incisivo, punzante en ocasiones en lo que a las observaciones intimas se refiere, el escritor va construyendo lo que en principio puede parecer una placentera lección de amor y amistad y acaba siendo un drama, no por dilatado, inevitable. Y es que hay un germen anidando en esa relación, un tumor que, desgraciadamente, marcará las horas inmediatas a la boda. La novela parece avanzar hacia un huracán de reprimendas y acaba en un pozo de hermosa desesperanza y bella amargura. En sus páginas finales se plantea una última mirada hacia el futuro de los protagonistas que no hace sino acentuar la sensación que ya nos advertía la frase promocional, devastación. Una devastación íntima, una voladura controlada de los sentimientos. Y sobre la nube levantada por esa milimetrada explosión, surge el polvo, ese polvo enamorado de Quevedo, que parece que se nos meta en los ojos y nos los irrite. A mi al menos, aquel polvo de la devastación hizo que se me humedecieran los ojos, será que tengo sensible la conjuntiva…

viernes, 16 de mayo de 2008

El vano ayer o la memoria recobrada

El vano ayer. Isaac Rosa
Editorial Seix-Barral. 2004.


Decía Mallarmé («Magie», Ouvres, Paris 1945) que sólo dos vías están abiertas a la investigación mental: la estética y también la economía política. Sin duda, El vano ayer viene a confirmar esta tendencia bifronte. Por encima de cualquier otro elemento estilístico (del que daremos cuenta más tarde) o argumental, esta obra bucea de manera, a mi juicio, soberbia en esa doble ladera que apuntaba el poeta simbolista francés. De un lado la estética, que arma un discurso narrativo riguroso, bello, atravesado por distintos planos del lenguaje que contribuyen, de manera perfecta, al objetivo de la novela. Por otro, la economía política, entendida como la huella sociológica donde se inscribe el argumento de la narración. Si la historia intenta reconstruir las vicisitudes y desapariciones de dos personajes, el profesor universitario Julio Denis y el estudiante-militante comunista André Sánchez; lo hace a la manera de un gran mural donde interaccionan, se dispersan y confluyen voces anónimas procedentes de la sociedad tardofranquista. Ahora bien, no estamos ante una obra costumbrista, más o menos afinada en su contextualización histórica, se trata más bien de un replanteamiento de la cuestión. Pasados más de treinta años desde la llegada de la democracia, nos encontramos (o deberíamos hacerlo) fuera ya de excusas desresponsabilizadoras, homenajes a la transición, y/o “descargos de conciencia” más o menos emboscados. El vano ayer pone el dedo en la llaga y a través de su andamiaje literario, devuelve al pulso de la acción y reflexión civil las implicaciones morales, éticas, económicas, jurídicas y políticas que supuso el franquismo. No estamos ante una obra bienintencionada, sino ante un poderoso ejercicio de retrospección que dialoga con el presente y desdeña los paños calientes que sabieron administrar las fuerzas políticas y económicas de la época. Quien espere un relato tranquilizador se ha equivocado. Quien, por el contrario, necesite desenmascarar ese periodo reciente de nuestra historia para comprender el alcance del silencio al que nos obligó la Transición, ha llegado al puerto adecuado. Y acabo ya. Decía que dejaba para el final el elemento estilístico. Pues bien, otro de los aciertos del libro es la sabiduría arquitectónica. Si nuestros tiempos son épocas de fragmentación, qué mejor que una obra en marcha para dar cuenta de esa realidad difusa, una novela que se va hilando a medida que avanza, con la participación activa del lector, restituyendo en la reciente narrativa española una suerte de anhelo vanguardista a la manera de Cortázar. Lo expresa mejor el propio autor: Quizás, más probable, estamos ante una confesión de invalidez, el recurso reconstructivo de quien no sabe, no puede o no quiere construir, y que al final, en la última página, comprueba entre lamentos que no hay otro modo, que siempre se acaba construyendo algo. Sólo me queda decirles una cosa: disfruten la novela.

martes, 6 de mayo de 2008

Humor absurdo en la Palestina del año 0

El asombroso viaje de Pomponio Flato (2008)
Eduardo MENDOZA


Escribir una novela de humor debe ser uno de las tareas más complicadas del trabajo de escritor. Suena a tópico, desde luego, pero pensemos en cada uno de nosotros cuando cuenta un chiste: nos enfrentamos al reto de hacer reír y muchas veces fracasamos.

Eduardo Mendoza es un novelista que se ha destacado por diferenciar dos líneas muy claras: serias y cómicas. No hay mezclas. En ambos casos, demuestra que ha trabajado mucho la documentación y el estilo para mantener la intensidad del relato.

El caso que hoy nos ocupa es un ejemplo de esas novelas de humor de Mendoza. No llega a la astracanada de "Sin noticias de Gurb", pero supera a "El misterio de la cripta embrujada" y sus sucesoras.

Hay comienzos novelísticos que han pasado a la historia: "En un lugar de La Mancha...", "Yo, señor, soy de Segovia", o más recientemente aquel de "No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente". Yo añadiría a esta lista el principio de Pomponio: "Que los dioses te guarden, Fabio, de esta plaga, pues de todas las formas de purificar el cuerpo que el hado nos envían, la diarrea es la más pertinaz y diligente".

Con este inicio, Mendoza hace parodia del estilo epistolar clásico, que Yourcenar nos acercó en "Memorias de Adriano". Pero lo mejor está por venir: Mendoza juega con el relato evangélico, pone en tela de juicio principios cristianos, los mezcla con situaciones absurdas y muestra el lado humano de una persona que tiene su toque de fantoche.

Pomponio se encontrará con un carpintero de Nazaret, llamado José, y entablará amistad con su hijo Jesús. La parodia alcanza verdaderas cumbres con el dominio del lenguaje, que juega con la pomposidad atribuida a los clásicos y rompe esa seriedad del discurso con rupturas modernas.

El caso detectivesco planteado es el fondo para presentar una parodia que nos hace poner a unos actores conocidos en una situación ininmaginada. Quizá, como me decía una vez un amigo, lo bueno de la historias es buscar las interpretaciones y variaciones. Del Evangelio se sabe la historia, pero ¿y si jugamos un poco con los personajes?

Mendoza juega y divierte al lector. Pero no veais sólo un entretenimiento de autor, es una novela de gran enjundia narrativa y estilística. Nihil obstat.

lunes, 5 de mayo de 2008

Nocilla Dream o el movimiento transversal

Nocilla Dream
Agustín Fernández Mallo
Candaya, 2006

Se ha escrito mucho ya sobre esta novela y resulta un tanto impúdico e, incluso, trasnochado volver a hablar de ella cuando acaba de presentarse al público su segunda entrega “Nocilla Experience” en Alfaguara. Sin embargo la reiteración tiene, al menos, una virtud; igual que las diferentes capas geológicas se comportan de manera similar a lo largo del planeta, la superposición de críticas y reseñas viene a sedimentar un estado de la cuestión que se pluraliza y diversifica en cada nueva entrega. De este modo, como si de un mapa geológico se tratara, es posible encontrar en puntos aparentemente próximos los unos de los otros fenómenos minerales enormemente distintos. Intentaré que esta brevísima reseña cumpla esa función.
Un vistazo rápido a la novela nos revela que nos encontramos, tal y como brillantemente expone Juan Bonilla en su prólogo, ante un texto rizomático, es decir, lateral e intermedio. ¿Que qué es un rizoma? Pues lean el prólogo, la novela y a Deleuze y saldrán de dudas. Lo importante aquí es apuntar que “Nocilla Dream” juega con la idea de transversalidad, y es ahí donde quiero detenerme. ¿Por qué sigo considerando, después de casi año y medio y de un reconocimiento unánime de la crítica, que “Nocilla Dream” debe leerse? Porque constituye, a mi juicio, uno de los mejores intentos en la reciente novelística española por apresar eso que llaman la “desconcentración”. Si es verdad que nos encontramos, definitivamente, ante un mundo entrópico, desprovisto de grandes relatos, sujeto a la precariedad y atravesado por infinitas fragmentaciones, entonces esta novela supone un esfuerzo serio y riguroso por captar dicho proceso. Si es verdad que, como señalaba Jameson, la posmodernidad es la «desaparición de algunos límites o separaciones clave, sobre todo la erosión de la antigua distinción entre la cultura superior y la así llamada cultura de masas o popular», entonces “Nocilla Dream” vuelve a ser una vez más una de las novelas recientes que mejor han sabido armar esta relación. Por todo ello sigue mereciendo la pena leerla, adentrarse en su universo particular y caótico. Otra cosa es que ninguna de las afirmaciones anteriores sean ciertas. Otra cosa es que la “desconcentración” no sea tan real sino una nueva ficción, un nuevo rizoma inacabado que se proyecta hacia el infinito sin solución de continuidad… Incluso en ese caso, esta novela seguiría siendo un espléndido retrato de esa mecánica sin fin. El argumento es sencillo: Nevada, una carretera —la US50—, un árbol del que cuelgan extrañamente miles de pares de zapatos y un sinfín de personajes e historias que se entrecruzan y dispersan a ritmo vertiginoso. Nada más, y nada menos.

viernes, 18 de abril de 2008

Tragicómico fresco siciliano del XIX

La concesión del teléfono (1998)
Andr
ea CAMILLERI

Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) es un director teatral y televisivo italiano metido a novelista tardío. Comenzó a publicar con casi 60 años y el éxito le llegó en 1994 gracias a las novelas policiacas del comisario Salvo Montalbano (en homenaje a Vázquez Montalbán). Sin embargo La concesión del teléfono no tiene nada que ver con el género policiaco, sino que pertenece a su serie de novelas históricas ambientadas en la Sicilia del siglo XIX.

La solicitud de concesión de una línea telefónica en Vigàta, un pequeño e imaginario pueblo siciliano, desata una divertida cascada de peripecias que cambiarán la vida de dos amigos de la infancia: Pippo Genuardi y Sasà La Ferlita. Dos tramposos que viven de dar pequeños sablazos en su entorno más cercano y que romperán su amistad en apenas año y medio. Los dos infelices se verán entre la Mafia y el Estado, atrapados entre “Il Comendatore” Don Lollò y el Prefecto de la isla con todo su aparato burocrático detrás, siempre a merced de su influencia omnipotente, lo que provocará divertidos giros en la narración. Además una caterva de secundarios (la mujer, la amante y el suegro de Pippo, carabineros, cuerpo de policía, funcionarios de correos, el hermano de Sasà…) se verán arrastrados en una espiral tragicómica divertidamente funesta.

El autor desaparece sabia y totalmente de las páginas para dar todo el protagonismo a las voces de los personajes a través de una sencilla estructura: cosas dichas (principalmente diálogos en estilo directo puro) y cosas escritas (sobre todo cartas, informes y notas que se cruzan los personajes durante toda la narración).

El resultado es la total renuncia a un narrador y a las posibles “interferencias” que pudiera ejercer sobre la historia. La novela no se resiente y gana en frescura gracias al pomposo lenguaje burocrático epistolar y a la viveza de las conversaciones. También en realismo, al presentar un sólido anclaje espacio–temporal: Sicilia de 1891 a 1892, lo que le permite hacer un vívido retrato irónico de su sociedad y los poderes que la componen; una región que en esta época vive entre el progreso que asoma y la recién estrenada unidad italiana, oprimidas ambas por el Estado y la Mafia. Así pues, esta novela es un fresco siciliano cómico, amargo y realista ejecutado con un brillante y rico ejercicio de estilo novelístico.

sábado, 12 de abril de 2008

Una vida paralela para poder vivir

Juegos de la edad tardía (1989)

Luis LANDERO

¿Quién es Faroni? Es la pregunta a desvelar en esta novela, la primera publicada por el escritor pacense Luis Landero. Gregorio Olías lleva una vida sin incentivos, es un personaje que refleja cierta mediocridad y que deja volar su imaginación con ilusiones.

A priori, esto no hace muy atractiva la obra. Sin embargo, el nudo llega cuando Gregorio proyecta su vida soñada en Faroni y crea un personaje a través del cual se da a conocer a Gil, un compañero de trabajo al que sólo trata a través del teléfono.

Lo que comienza como un juego de un cuarentón desencantado, acaba por absorberle. Llega un punto en que ambos personajes se confunden: ¿cuándo es Gregorio y cuándo es Faroni? Sus invenciones llegan a cobrar cierta realidad, no porque sean ciertas, sino porque cree que lo son.

Landero presenta a un personaje que en la realidad se le tomaría por un loco o un sinvergüenza. Sin embargo, le muestra como alguien que descubre en Faroni el incentivo que necesita para vivir cada día. En cierto modo, como se dice en las páginas finales, es el ser humano en sí mismo, que ni es absolutamente bueno, ni absolutamente malo.

El desarrollo de la novela llega a puntos realmente histriónicos, ya que Gregorio se supera a sí mismo en cada página con sus invenciones sobre Faroni. Gil, ingenuo y deseoso de novedades que le ilusionen en medio de su aburrida vida en un pueblo, cree todo a pies juntillas.

Landero estructura la novela de una forma muy clásica, con las tres partes (introducción, nudo y desenlace) claramente marcadas. Pero la grandeza de la novela es cómo consigue jugar con el lenguaje, que es el artífice de la obra: un personaje que recrea otro personaje inventado para que un tercero se lo crea. Landero consigue hacer metanovela, marcando los ritmos de forma ondulada, ahora sube, ahora baja, en función del ánimo de Gregorio.
¿Hasta que punto Gregorio es altruista y se deja enredar para ilusionar a Gil? ¿Hasta que punto es egoísta y hace crecer a Faroni para satisfacerse a sí mismo? Debo reconocer que las carcajadas de las que me hablaron muchos que ya lo habían leído no se despertaron en mí, porque me acabé enfrentando a Gregorio y su mediocridad.

miércoles, 9 de abril de 2008

Tiempo de mosqueteros

Crónicas del asfalto (2007),

Samuel Benchetrit (Champigny-sur-Marne, 1973) tiene cara de niño malo que, además, quiere parecer que lo es; escribe un libro cuyo título, Crónicas del asfalto, hace presagiar una historia de excesos y marginalidad bailando en los límites de lo lícito; y ha sido definido como un escritor que es a la literatura “lo que los Sex Pistols al rock”. Todo ello tan estereotípico como para desanimar a cualquier lector sensato, que, sin embargo, se equivocaría fatalmente si dejase escapar este libro.
Crónicas del asfalto es una obra concebida en cinco volúmenes y pretende contar los primeros treinta años de la vida de un autor que ronda los treinta y cinco. El tiempo de las torres, como se denomina esta primera parte, es el tiempo de la infancia y la adolescencia en un bloque de viviendas de un suburbio parisino, donde lo que en manos de otro autor podría resultar violento, sórdido y procaz es, a través del recuerdo narrado de Benchetrit, duro casi siempre, sonrojante a veces y enormemente tierno.
El autor presenta a sus vecinos planta por planta, desde el viejo señor Stern del primero, que se niega a pagar lo mismo que el resto de propietarios por el ascensor nuevo, hasta la señora Hamida del duodécimo, que un día encuentra en su puerta a un astronauta recién caído del espacio, y lo hace con una prosa limpia, justa, y una técnica muy eficaz, con la que logra recrear ese tiempo de la adolescencia -que en su caso es también en buena medida el de la delincuencia juvenil- sin idealizarlo ni tampoco hacer de él un melodrama.
Como buen adolescente, Benchetrit vive esos años flanqueado por tres mosqueteros: Dedé, hijo y hermano de basureros y candidato a seguir la misma carrera; Karim, miembro de una familia de origen argelino y camello ocasional; y Daniel, que vive con su madre, sus hermanas gemelas y su padre, postrado y conectado a un respirador, y que es especialista en arrancar orejas. Con ellos compartirá momentos de violencia, sexo y miseria, pero también aventuras tiernas y cómicas que invitan a revisar ese tiempo extraño, ridículo y dramático que constituye la adolescencia.

sábado, 29 de marzo de 2008

Ensalada póstuma del apátrida de gafas redondas

Entre paréntesis (2004)
Roberto BOLAÑO

“De lo perdido, de lo irremediablemente perdido, sólo deseo recuperar la disponibilidad cotidiana de mi escritura, líneas capaces de cogerme del pelo y levantarme cuando mi cuerpo ya no quiera aguantar más”.

Exiliado desde los 20 años, primero en Méjico, después en España. Bolaño es un auténtico superviviente de la generación más joven que luchó y sufrió el otro 11–S, el de 1973 en Chile. En su caso la prisión fue efímera, un golpe del destino sucedió al golpe de estado. Uno de sus carceleros, compañero de colegio, lo sacó de los calabozos donde se hacinaban los represaliados políticos. Quizá entonces comenzó un exilio vivido de forma nada traumática y una búsqueda de su propia identidad literaria jalonada de cientos de lecturas, influencias y amistades.

En esta obra póstuma subtitulada “Ensayos, artículos y discursos (1998–2003)” brilla desafiante y mordaz la prosa menos novelesca del escritor apátrida. Es pues una miscelánea que recopila artículos principalmente de crítica literaria española e hispanoamericana del siglo XX habitados por amigos, por filias y fobias librescas y por una pasión literaria total. Son en general, pequeñas píldoras de, a lo sumo, un par de páginas que van de la narrativa a la poesía interrogándose el talento y la novedad de decenas de autores y autoras de fama irregular o injusta, las más de las veces.

También se incluyen algunos discursos o conferencias de tono y estructura atípica, incluso una crónica de su retorno al país natal tras casi veinte años de alejamiento físico, además de un pregón de fiestas y otros artículos de homenaje a Blanes y la Costa Brava, su lugar de adopción en España. Este cajón de sastre que recorre los cinco últimos años de la vida del autor se cierra con una curiosa entrevista de la revista Playboy, la última que concedió y que fue publicada póstumamente.

Pero en general, sus filias y fobias literarias y la pasión con la que escribe de los libros que devoró, dominan los textos. Cercano a sus amigos, azote deslenguado, en sus artículos y discursos late el alma de un superviviente rodeado de libros y escritos. Bolaño siempre es mucho más: sentido lector de poesía, agudo espectador en la distancia de la crónica literaria chilena o experto gourmet de literatura en general e hispanoamericana en particular.

Tierna y corrosiva a la vez, esta ensalada ensayístico–periodística a nadie dejará indiferente y seguramente proporcione pistas y referencias al que se acerque a ella con ganas de nuevas emociones literarias.

sábado, 15 de marzo de 2008

Virtuoso ejercicio de escritura vital

Las pequeñas virtudes (2006),
Natalia Ginzburg

“Mi oficio es escribir, y lo sé bien y desde hace mucho tiempo.” Con esta frase se inicia el breve ensayo “Mi oficio”, uno de los que componen “Las pequeñas virtudes” de la italiana Natalia Ginzburg. Resultado del ejercicio de un oficio que en ella se torna existencia, brota de manera condensada, intensa y, por momentos, dulcemente triste una excelente artesanía narrativa. Al fin y al cabo, “si hago cualquier otra cosa, si estudio un idioma extranjero, si intento aprender historia, o geografía, o taquigrafía (…), sufro (…) y me parece siempre que debe de haber una forma mejor de hacerlas que los demás conocen y a mí me es desconocida.”

A lo largo de las once piezas de esta breve obra compartimos un viaje por la Inglaterra de la melancolía, sentimos el frío húmedo de unos eternos zapatos rotos y recreamos la existencia de unos antitéticos, pero perdurables “él y ella”. Natalia Ginzburg va rescatando sensaciones y percepciones de su infancia y adolescencia. Recuerda el dolor de la guerra y recrea el destierro- retazos de la vida que dejan huellas imborrables y desgarradoras-. Se nos presenta como madre en la piel de una escritora, o como escritora en la piel de una madre. Hace emerger la vida como mezcla de silencios y de palabras, de generaciones que se comunican y se incomunican, de afectos y dolores. Lo bello y brillante, que queda plasmado gracias a su espléndido talento narrativo y lo -por momentos- amargo y crudo de las historias que nos cuenta, configuran este pequeño mosaico, una combinación de contrarios, inevitablemente entrelazados, una breve pero acertada síntesis de su experiencia vital. De la experiencia vital. Mosaico elaborado con una técnica magníficamente aplicada. "Cuando escribo no pienso nunca que pueda haber una forma mejor de la cual se sirven otros escritores”.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Marcado por las marcas me desmarco

Claro interior (2007)
Ángel Guinda

Recientemente se acaba de publicar el excelente poemario Claro interior de Ángel Guinda. En esta nueva entrega, a la impecable edición a cargo de la editorial aragonesa Olifante, hay que sumarle la profundización en el discurso poético de nuestro autor. Claro interior es un libro marcado, a mi juicio, por tres corrientes principales. La primera supone reivindicar los elementos lúdicos del lenguaje como medio para bucear en las contradicciones de la existencia. No estamos, creo, ante fórmulas más o menos vanguardistas cuyo objetivo es, meramente, epater le bourguois, sino todo lo contrario. Recuperar las correspondencias del decir poético para sugerir un pensamiento de rebeldía y extrañamiento frente al mundo injusto que nos rodea. La segunda línea de fuerza constituye la búsqueda tozuda de la innovación dentro de su modo poético: poesía del pensamiento. Los versos de Angel Guinda son, ante todo, reflexiones y tomas de postura filosóficas, una poesía replegada hacia la voz interior que, sin embargo, sale y contrasta con la alteridad. Una constante en la obra del autor ha sido saber amalgamar esa máxima unamuniana de "Siente el pensamiento, piensa el sentimiento", de modo que en esta nueva entrega se reivindica esa fórmula tratando de acendrarla. Y por último quisiera señalar que Claro interior es, a mi modo de ver, un grito de dolor y de rebeldía. Frente al abuso cotidiano y a la inmisericorde explotación, Ángel Guinda nos anima a enfrentarnos con las armas del lenguaje para “desmarcarnos”. Poemas, pues, necesarios en tiempos de falta de templanza y aceptación sumisa de la realidad.

jueves, 28 de febrero de 2008

Volver a Sábato

El túnel (1948),
Ernesto SÁBATO

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne”. Ése es el primer bocado que Ernesto Sábato (Buenos Aires, 1911) nos sirve de El túnel, la historia de un crimen, la historia de un amor, pero, sobre todo, la historia desesperada de un hombre que intenta en vano una comunión imposible con otro ser. Como en el mito de las almas que se buscan para completarse, Castel se lanza a una loca persecución cuando, en un salón de pintura, ve que una joven queda fascinada por un detalle de la obra que él ha presentado. El cuadro es una maternidad, pero en la parte superior izquierda hay una pequeña ventana en la que se ve a una mujer en una playa, mirando al mar, que pasa desapercibida a todos los visitantes menos a la entonces desconocida.
Descubrir que hay alguien que ha visto lo “esencial”, intuir que existe una persona que puede entenderlo al él mismo, mueve al pintor a buscar por caminos inciertos y vacilantes a María Iribarne, hasta encontrarla, por casualidad, meses después. Todo el proceso que acaba desembocando en el crimen –cómo la conoció, cómo la amó y cómo acabó con su vida- es el que quiere contar Castel en su manuscrito, que convierte en una mezcla de novela policial y ensayo filosófico, delirante y desesperado sobre la existencia y la incomunicación humanas.
Esa primera persona que nos hace espectadores privilegiados del delirio de Castel, de su realidad deformada, y ese recurso al manuscrito que nos convierte en interlocutores nos fuerzan también a sentirnos implicados y nos obliga además a poner todo nuestro afán en comprender lo que parece incomprensible. “...y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general y de los lectores de estas páginas en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA SOLA PERSONA”, subraya el propio Castel. La locura del pintor lo envuelve y lo ahoga como a un barco las olas del temporal y, sin embargo, de vez en cuando recupera la lucidez y, como si sacase la cabeza del agua para respirar, se enciende ante sus ojos una luz, pero una luz negra: “...había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío (...) en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles”.

lunes, 11 de febrero de 2008

Novela negra a la española con fundamento


Tatuaje (1974)
Manuel VÁZQUEZ MONTALBÁN

La cocina novelística negra nos ofrece con esta receta una versión a la española de este conocido plato de amplia historia y prestigio (especialmente anglosajón). Así pues, los ingredientes son harto conocidos por el público, pero el chef y gourmet Vázquez–Montalbán es tan hábil como para seleccionarlos, dosificarlos y cocinarlos en su punto, adaptados al lugar y tiempo que reflejan y en el que fueron creados hace ya 33 años. El resultado es un Carvalho recién nacido (sólo dos años y una novela de experiencia literaria) en una salsa brillantemente salpimentada que sabe a la Barcelona canalla de los primeros 70.

Ingredientes

  • Una Barcelona escenario de una trama de asesinatos, con un fugaz viaje a Ámsterdam, ciudad del pecado.
  • Una banda sonora que sirve de título a la novela: la copla escrita por Rafael de León y cantada por Concha Piquer… “él vino en un barco de nombre extranjero, lo encontré en el puerto un anochecer…”
  • Pepe Carvalho, un perdedor desencantado siempre brillante, de peculiares costumbres; un detective de morro fino en lo gastronómico y escéptico en lo profesional.
  • 3 secundarios supervivientes: Charo, belle de jour, fiel compañera y prostituta de noche. Biscúter, su chef, ayudante y proveedor de los productos del gourmet detectivo. Bromuro, el soplón que siempre puede aportar datos útiles.

Modo de preparación

1) Busque un recipiente rígido pero sólido, de boca estrecha y cuerpo ancho, en el que entren los siguientes ingredientes: bajos fondos, vida nocturna y disoluta, buen paladar, misterio, un toque picante y erótico además de un buen chorro de crítica del tardofranquismo agonizante.

2) Tome al detective y póngalo ante un extraño caso de asesinato, con cadáver sin identidad y una frase tatuada en su piel: “He nacido para revolucionar el infierno”.

3) Déjele expurgar los libros, para que queme todos aquellos volúmenes que ha leído y no le han enseñado a vivir. (Toque cervantino)

4) Sepa darle peso a los demás personajes de la historia en certeras pinceladas y ocasionales apariciones que resulten relevantes no sólo en la trama, sino en el universo de la novela.

5) Y por último, no olvide que todos son sospechosos.

jueves, 17 de enero de 2008

Pantagruélico carnaval en Nueva Orleans

La conjura de los necios (1962)
KENNEDY TOOLE, John




Una galería de antihéroes encabezados por el descomunal Ignatius Reilly desfilan por las calles de Nueva Orleáns, una ciudad tan desquiciada aquí, como sus propios habitantes. Todos los personajes de clases y oficios diversos, van conectando entre sí en distintos escenarios urbanos. No hay tregua, desde la primera página sus vidas se cruzan tejiendo un magno estrambote, una farsa llena de humor nada inofensivo.
Así pues, pasen y vean a grotescos personajes con inmensas miserias deformadas que resultan cómicas, ninguno saldrá indemne: policías, empresarios, jubilados, jóvenes militantes de izquierda, profesores universitarios, trapicheros de barrio… Contrariamente a los que magnifican la personalidad del protagonista, (Ignatius Reilly) calificándolo de un Quijote sureño en el siglo XX, considero que quizá el único que está tratado con cariño, y desde luego el más redondo y divertido, sea Jones, el negro que debe buscarse un trabajo para no ir a la cárcel.
Esta es una novela que no dejará a ningún lector indiferente, atrae o repele desde la primera página. Todo es cuestión de entrar en el humor que propone y aceptar el juego de excesos que jalona la obra. Por otro lado cabe destacar el cierre de la narración que culmina con un final bien hilado y atado, dejando un agradable regusto en el paladar lector.
En cualquier caso no ayuda demasiado la traducción de la edición más extendida y casi única en lengua castellana, la de Anagrama, hecha a dos manos en 1983 y que no consigue reproducir el rico dialecto de Nueva Orleáns y el vocabulario típico de la clase social de cada uno de los personajes. Más inadmisible aún son las numerosas y garrafales erratas que masacran el texto en castellano.
Una editorial seria y en una novela tan célebre y leída no debería permitirse esto. Se antoja necesaria una nueva traducción, revisión y edición crítica para penetrar en la obra de su malogrado y atípico autor, John Kennedy Toole, que se suicidó en 1969 a los 32 años. Escritor fracasado en vida y célebre póstumamente gracias al empeño de su madre, una especie de Sra. Reilly, que paseó sus manuscritos (La conjura de los necios y La biblia de neón) por diversas editoriales hasta lograr ver publicada y premiada (Pulitzer de 1981) la obra de su hijo.

martes, 8 de enero de 2008

Triple salto mortal sin red en la Residencia

Fabulosas narraciones por historias (1996)
OREJUDO UTRILLA, Antonio

Imagínense a un insólito comando que aterroriza la Residencia de Estudiantes en el Madrid de los felices 20. Lo componen un violento y extremista sobrino de Azorín, un muchacho de pueblo y fortuna porcina con maneras de señor y otro sobrino, esta vez de Pereda, que resulta un resentido novelista frustrado. Su gamberrismo contra todo y todos los que les rodean, esos intelectuales de los que reniegan: Ortega, Lorca, Juan Ramón, Unamuno… es el hilo conductor de esta, por momentos, desternillante novela.

Sobre escenarios y nombres reales construye Antonio Orejudo una narración que ficciona el, quizá, momento más importante de la cultura española en el siglo XX: la génesis del grupo poético del 27, época en la que coinciden tres brillantes generaciones de escritores e intelectuales: el 98, el novecentismo y este colectivo de jóvenes estudiantes residentes.

Es esta, su primera novela, un trabajo arriesgado y ambicioso que se construye sobre una época y personajes reales. La ficción perpetrada sobre la historia logra transmutar la realidad de forma muy divertida, pero en ocasiones el juego parece que se va de las manos y cae en excesos. Exceso de subgéneros narrativos: cartas–testimonio a una revista, artículos periodísticos, autobiografía epistolar, citas de libros, anuncios de la prensa escrita de la época, correspondencia privada… que no resultan coherentes y desvían la atención.

Al final los elementos se desbordan: lo que parece una concreción espacio–temporal brillante de la narración termina de forma discontinua en una huida temporal hacia adelante. Las grotescas y divertidas personalidades de los personajes acaban resultando ridículas con el paso de los años y la acción, que se sucede vertiginosamente, pierde coherencia y efectividad

En definitiva, un prometedor debut en busca de la “novela total” que aunque muestra buenas dotes novelescas, termina resultando fallido por la acumulación de formas narrativas y hechos que diluyen el interés.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Insólita terapia contra la mentira

El curioso incidente del perro a medianoche (2003)
HADDON, Mark


De curioso incidente, esta vez literario, puede calificarse esta atípica novela. Abordamos la autobiografía ficticia de Christopher Boone, un niño superdotado y autista de 15 años que nos contará los ingredientes de su peculiar vida: una familia desestructurada, un vecindario un poco extraño y un entorno lleno de seguridades que no lo son tanto, todo pasado por el tamiz de su intensa vida mental. El monólogo interior, salpicado de estilo directo, nos introduce en la cotidianeidad extraordinaria de Christopher. Frente a él se encuentra el intrincado universo de los adultos, lleno de mentiras y falsas certezas que pretenden hacer más estable su universo interior, repleto de fobias y bloqueos relacionales.
La novela es capaz de aglutinar y aunar elementos tan divergentes como problemas matemáticos, referencias literarias a Sherlock Holmes y decenas de elementos icónicos: mapas, dibujos, esquemas, diagramas y hasta una fotografía. Mark Haddon, en este su debut, logra perfectamente narrar a través de esa mente, pues hace creíble al personaje protagonista y consigue que empaticemos con él en esa lucha que libra con sus miedos contra el mundo de los adultos y de la mentira, desde su atalaya de superdotación y distancia física contra la invasión de estímulos que bloquean su razonamiento.
De lectura fácil, por sus capítulos cortos, a veces puede resultar desconcertante por la aparente meticulosidad injustificada y el constante cambio a temas y cuestiones tangenciales que hace el niño. En cualquier caso, esta realidad interior está en el protagonista, y cuando se asumen sus claves mentales resulta sencillo entrar en la dinámica narrativa que nos propone el autor.
Además no cae en el peligro del final feliz o la solución mágica de los conflictos, lo que es de agradecer. En el cierre, los problemas no desaparecen, pero queda un hueco para la esperanza y el afán de superación de esta forma de ver el mundo, tan insólita como real.


domingo, 25 de noviembre de 2007

Vívidas y exuberantes vidas de ficción

Historia universal de la infamia (1935)
BORGES, Jorge Luis

Siete breves biografías (de apenas diez páginas cada una) componen este texto inmenso y recargado. La aguda capacidad narrativa de Borges le permite tejer estas biografías con hilos de historia, filosofía, ficción, vida y fantasía, materiales privilegiados hechos de talento y erudición. Del Mississipi al mar Rojo, pasando por Turquestán, se encuentran estos personajes, crueles protagonistas de azarosas y despreciables vidas. Tras su grandilocuente y eficaz título se esconde un homenaje a la mezquindad de unas existencias infames en cualquier tiempo y lugar. A continuación los prólogos (tanto el de la primera edición, como el de la edición de 1954), que contienen una concisa e importante información para conocer la génesis de la composición de la obra y las técnicas que usó el autor.
Así pues Borges falsea, tergiversa las historias con la Historia en una abrumadora sucesión de datos, fechas, referencias e informaciones que edifican un templo exuberante de una prosa con sello propio. Todo ello con una profunda ideología de ficción narrativa: hacer vívido lo no vivido, la ficción por encima de la realidad, pero construida con material real por acumulación y exuberancia barroca, todo ello moldeado en puntuales escenas que resumen una vida y se suceden en medio de enumeraciones y ricas referencias culturales. En definitiva una obra a la que siempre es un placer volver y una suerte de encuentro profundo y fugaz para los que se acercan a ella por primera vez.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Creativo y vital: soledad y duda

Cartas a un joven poeta (1903-1904. Publicado en 1946)
RIELKE, Rainer María


Cuentan que el propio Rielke eligió su epitafio:

“Rosa, oh contradicción pura, placer,
ser el sueño de nadie bajo tantos
párpados.”

Tanta densidad y sencillez tiene su testamento creativo y el compendio de su filosofía artística, que se halla en esta obra. Son apenas diez cartas que forman parte de la comunicación privada entre un autor consolidado y un joven necesitado de consejos que comienza a escribir.

No es esta la clásica relación maestro–discípulo, ya que apenas se llevan diez años de diferencia; además el dogmatismo y el paternalismo brillan por su ausencia. Por otro lado, parece evidente que en la génesis de esta comunicación epistolar se encuentran diversos puntos de contacto entre la gran figura de la lírica alemana y Frank Kappus (el joven poeta): desorientación vital, semejante formación militar, primeros balbuceos poéticos…

A bote pronto nos encontramos con un Rielke que tarda en contestar y que inicia indefectiblemente todas las misivas con una disculpa, queja acerca de su estado de salud o breve explicación sobre su constante cambio de residencia. Inmediatamente después el escritor alemán expone su arte poética con una claridad al alcance de muy pocos. En su ideología estética, el artista debe aceptar su soledad como parte del proceso creativo. También contemplará absorto el supremo milagro creador: la Naturaleza. Además ensalza el valor del camino difícil (el del artista), acaso exorcizando los demonios que todos llevamos dentro a la hora de enfrentarnos al papel en blanco o simplemente aprendiendo a convivir con ellos. En la misma línea las epístolas están salpicadas por algunas breves, pero jugosas reflexiones acerca del papel de la mujer: culmen de la creación y la sensibilidad, también futuro del mundo.

Entre las Cartas a un joven poeta, resbalan reflexiones vitales:

"Intente amar las preguntas por sí mismas, como habitaciones cerradas o libros escritos en una lengua muy extraña. No busque ahora las respuestas: no le pueden ser dadas, porque no podría vivirlas. Y se trata de vivirlo todo.” […] “Y siempre que algo surja de su propia voluntad, de alguna honda necesidad, acéptelo como tal y no lo odie"

jueves, 8 de noviembre de 2007

Sentir real lo sobrenatural


Otra vuelta de tuerca (1908)
Henry JAMES
Quizá esta sea una de las obras más lúdicas de Henry James, alejada de la seriedad que impregna muchas de sus otras novelas. Sin embargo, no nos encontramos ante un simple relato de fantasmas y terror. El suspense está logrado gracias a cierta vaguedad que impregna la narración y a un calculado horror muy bien dosificado. En todo momento el lector tiene la impresión de que el cuadro que se presenta ante sí se halla incompleto, falto de información, sin la concreción de aspectos importantes. Por eso todos los personajes parecen ocultar algo a la propia protagonista–narradora y en consecuencia también al lector.
Sin embargo “Otra vuelta de tuerca” no presenta recursos narrativos ni argumentales novedosos. Se inicia con un grupo de amigos contándose historias de terror para inmediatamente pasar a un narrador autobiográfico, una institutriz que se hace cargo de dos niños en una lúgubre mansión con criados. Pero nada es lo que parece en el triángulo de personajes sobre el que gravita la historia: los criados corruptos, los angelicales niños y la ingenua institutriz.

Incluso en determinados momentos el lector podría plantearse una posible inestabilidad mental de la institutriz que, en su papel de narradora, cuenta pero no explica, apenas ilumina tenuemente sólo aquellas partes del relato que le interesan.

Su acierto es mucho más sutil e implícito: la ambientación creada y un fino velo de enigma y terror que lo envuelve todo. Como una vela en una oscura galería, el autor proporciona la dosis de tenebrismo adecuada para lograr el halo de maldad y misterio que impregna toda la historia. Envuelto en esa espiral narrativa sobre la que gravita el horror tiene además la virtud de hacer partícipe a un lector que no conoce realmente qué es lo que subyace bajo la enigmática trama. Éste se sabe convencido de que nada es lo que parece, para finalmente sentir como real lo sobrenatural.