lunes, 5 de mayo de 2008

Nocilla Dream o el movimiento transversal

Nocilla Dream
Agustín Fernández Mallo
Candaya, 2006

Se ha escrito mucho ya sobre esta novela y resulta un tanto impúdico e, incluso, trasnochado volver a hablar de ella cuando acaba de presentarse al público su segunda entrega “Nocilla Experience” en Alfaguara. Sin embargo la reiteración tiene, al menos, una virtud; igual que las diferentes capas geológicas se comportan de manera similar a lo largo del planeta, la superposición de críticas y reseñas viene a sedimentar un estado de la cuestión que se pluraliza y diversifica en cada nueva entrega. De este modo, como si de un mapa geológico se tratara, es posible encontrar en puntos aparentemente próximos los unos de los otros fenómenos minerales enormemente distintos. Intentaré que esta brevísima reseña cumpla esa función.
Un vistazo rápido a la novela nos revela que nos encontramos, tal y como brillantemente expone Juan Bonilla en su prólogo, ante un texto rizomático, es decir, lateral e intermedio. ¿Que qué es un rizoma? Pues lean el prólogo, la novela y a Deleuze y saldrán de dudas. Lo importante aquí es apuntar que “Nocilla Dream” juega con la idea de transversalidad, y es ahí donde quiero detenerme. ¿Por qué sigo considerando, después de casi año y medio y de un reconocimiento unánime de la crítica, que “Nocilla Dream” debe leerse? Porque constituye, a mi juicio, uno de los mejores intentos en la reciente novelística española por apresar eso que llaman la “desconcentración”. Si es verdad que nos encontramos, definitivamente, ante un mundo entrópico, desprovisto de grandes relatos, sujeto a la precariedad y atravesado por infinitas fragmentaciones, entonces esta novela supone un esfuerzo serio y riguroso por captar dicho proceso. Si es verdad que, como señalaba Jameson, la posmodernidad es la «desaparición de algunos límites o separaciones clave, sobre todo la erosión de la antigua distinción entre la cultura superior y la así llamada cultura de masas o popular», entonces “Nocilla Dream” vuelve a ser una vez más una de las novelas recientes que mejor han sabido armar esta relación. Por todo ello sigue mereciendo la pena leerla, adentrarse en su universo particular y caótico. Otra cosa es que ninguna de las afirmaciones anteriores sean ciertas. Otra cosa es que la “desconcentración” no sea tan real sino una nueva ficción, un nuevo rizoma inacabado que se proyecta hacia el infinito sin solución de continuidad… Incluso en ese caso, esta novela seguiría siendo un espléndido retrato de esa mecánica sin fin. El argumento es sencillo: Nevada, una carretera —la US50—, un árbol del que cuelgan extrañamente miles de pares de zapatos y un sinfín de personajes e historias que se entrecruzan y dispersan a ritmo vertiginoso. Nada más, y nada menos.

domingo, 27 de abril de 2008

¿Qué te has comprado en el Día del Libro?


Hoy que se cierra la Semana del Libro, Pájaros de Papel quiere preguntar a sus silentes visitantes con qué títulos han enriquecido su biblioteca estos días.



Cuéntanoslo.

martes, 22 de abril de 2008

Feliz Día del Libro

23 de Abril. DÍA DEL LIBRO
"El valor del libro reside en que uno viaja por sí mismo
y descubre terrenos que no sabía que existían"

Juan GELMAN

Ernesto García López, colaborador de Pájaros de papel, presenta su libro el Desvío del Otro

"La Central" del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y la colección Devenir de poesía y ensayo se complacen en invitarle dentro del ciclo “Para recordar y recuperar la memoria" a la presentación del libro y coloquio:

EL DESVÍO DEL OTRO de Ernesto García López
Participan: Adolfo Simón, Manuel Rico y Juan Pastor El acto tendrá lugar el jueves día 24 de abril de 2008 a las 19 horas en la Librería La Central del MNCARS. Ronda de Atocha, 2 (el acceso se realiza por la ampliación de Jean Nouvel) Madrid.
Entrada libre hasta completar el aforo.

viernes, 18 de abril de 2008

Tragicómico fresco siciliano del XIX

La concesión del teléfono (1998)
Andr
ea CAMILLERI

Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) es un director teatral y televisivo italiano metido a novelista tardío. Comenzó a publicar con casi 60 años y el éxito le llegó en 1994 gracias a las novelas policiacas del comisario Salvo Montalbano (en homenaje a Vázquez Montalbán). Sin embargo La concesión del teléfono no tiene nada que ver con el género policiaco, sino que pertenece a su serie de novelas históricas ambientadas en la Sicilia del siglo XIX.

La solicitud de concesión de una línea telefónica en Vigàta, un pequeño e imaginario pueblo siciliano, desata una divertida cascada de peripecias que cambiarán la vida de dos amigos de la infancia: Pippo Genuardi y Sasà La Ferlita. Dos tramposos que viven de dar pequeños sablazos en su entorno más cercano y que romperán su amistad en apenas año y medio. Los dos infelices se verán entre la Mafia y el Estado, atrapados entre “Il Comendatore” Don Lollò y el Prefecto de la isla con todo su aparato burocrático detrás, siempre a merced de su influencia omnipotente, lo que provocará divertidos giros en la narración. Además una caterva de secundarios (la mujer, la amante y el suegro de Pippo, carabineros, cuerpo de policía, funcionarios de correos, el hermano de Sasà…) se verán arrastrados en una espiral tragicómica divertidamente funesta.

El autor desaparece sabia y totalmente de las páginas para dar todo el protagonismo a las voces de los personajes a través de una sencilla estructura: cosas dichas (principalmente diálogos en estilo directo puro) y cosas escritas (sobre todo cartas, informes y notas que se cruzan los personajes durante toda la narración).

El resultado es la total renuncia a un narrador y a las posibles “interferencias” que pudiera ejercer sobre la historia. La novela no se resiente y gana en frescura gracias al pomposo lenguaje burocrático epistolar y a la viveza de las conversaciones. También en realismo, al presentar un sólido anclaje espacio–temporal: Sicilia de 1891 a 1892, lo que le permite hacer un vívido retrato irónico de su sociedad y los poderes que la componen; una región que en esta época vive entre el progreso que asoma y la recién estrenada unidad italiana, oprimidas ambas por el Estado y la Mafia. Así pues, esta novela es un fresco siciliano cómico, amargo y realista ejecutado con un brillante y rico ejercicio de estilo novelístico.

sábado, 12 de abril de 2008

Una vida paralela para poder vivir

Juegos de la edad tardía (1989)

Luis LANDERO

¿Quién es Faroni? Es la pregunta a desvelar en esta novela, la primera publicada por el escritor pacense Luis Landero. Gregorio Olías lleva una vida sin incentivos, es un personaje que refleja cierta mediocridad y que deja volar su imaginación con ilusiones.

A priori, esto no hace muy atractiva la obra. Sin embargo, el nudo llega cuando Gregorio proyecta su vida soñada en Faroni y crea un personaje a través del cual se da a conocer a Gil, un compañero de trabajo al que sólo trata a través del teléfono.

Lo que comienza como un juego de un cuarentón desencantado, acaba por absorberle. Llega un punto en que ambos personajes se confunden: ¿cuándo es Gregorio y cuándo es Faroni? Sus invenciones llegan a cobrar cierta realidad, no porque sean ciertas, sino porque cree que lo son.

Landero presenta a un personaje que en la realidad se le tomaría por un loco o un sinvergüenza. Sin embargo, le muestra como alguien que descubre en Faroni el incentivo que necesita para vivir cada día. En cierto modo, como se dice en las páginas finales, es el ser humano en sí mismo, que ni es absolutamente bueno, ni absolutamente malo.

El desarrollo de la novela llega a puntos realmente histriónicos, ya que Gregorio se supera a sí mismo en cada página con sus invenciones sobre Faroni. Gil, ingenuo y deseoso de novedades que le ilusionen en medio de su aburrida vida en un pueblo, cree todo a pies juntillas.

Landero estructura la novela de una forma muy clásica, con las tres partes (introducción, nudo y desenlace) claramente marcadas. Pero la grandeza de la novela es cómo consigue jugar con el lenguaje, que es el artífice de la obra: un personaje que recrea otro personaje inventado para que un tercero se lo crea. Landero consigue hacer metanovela, marcando los ritmos de forma ondulada, ahora sube, ahora baja, en función del ánimo de Gregorio.
¿Hasta que punto Gregorio es altruista y se deja enredar para ilusionar a Gil? ¿Hasta que punto es egoísta y hace crecer a Faroni para satisfacerse a sí mismo? Debo reconocer que las carcajadas de las que me hablaron muchos que ya lo habían leído no se despertaron en mí, porque me acabé enfrentando a Gregorio y su mediocridad.

miércoles, 9 de abril de 2008

Tiempo de mosqueteros

Crónicas del asfalto (2007),

Samuel Benchetrit (Champigny-sur-Marne, 1973) tiene cara de niño malo que, además, quiere parecer que lo es; escribe un libro cuyo título, Crónicas del asfalto, hace presagiar una historia de excesos y marginalidad bailando en los límites de lo lícito; y ha sido definido como un escritor que es a la literatura “lo que los Sex Pistols al rock”. Todo ello tan estereotípico como para desanimar a cualquier lector sensato, que, sin embargo, se equivocaría fatalmente si dejase escapar este libro.
Crónicas del asfalto es una obra concebida en cinco volúmenes y pretende contar los primeros treinta años de la vida de un autor que ronda los treinta y cinco. El tiempo de las torres, como se denomina esta primera parte, es el tiempo de la infancia y la adolescencia en un bloque de viviendas de un suburbio parisino, donde lo que en manos de otro autor podría resultar violento, sórdido y procaz es, a través del recuerdo narrado de Benchetrit, duro casi siempre, sonrojante a veces y enormemente tierno.
El autor presenta a sus vecinos planta por planta, desde el viejo señor Stern del primero, que se niega a pagar lo mismo que el resto de propietarios por el ascensor nuevo, hasta la señora Hamida del duodécimo, que un día encuentra en su puerta a un astronauta recién caído del espacio, y lo hace con una prosa limpia, justa, y una técnica muy eficaz, con la que logra recrear ese tiempo de la adolescencia -que en su caso es también en buena medida el de la delincuencia juvenil- sin idealizarlo ni tampoco hacer de él un melodrama.
Como buen adolescente, Benchetrit vive esos años flanqueado por tres mosqueteros: Dedé, hijo y hermano de basureros y candidato a seguir la misma carrera; Karim, miembro de una familia de origen argelino y camello ocasional; y Daniel, que vive con su madre, sus hermanas gemelas y su padre, postrado y conectado a un respirador, y que es especialista en arrancar orejas. Con ellos compartirá momentos de violencia, sexo y miseria, pero también aventuras tiernas y cómicas que invitan a revisar ese tiempo extraño, ridículo y dramático que constituye la adolescencia.