Nocilla Dream Agustín Fernández Mallo
Candaya, 2006
Un vistazo rápido a la novela nos revela que nos encontramos, tal y como brillantemente expone Juan Bonilla en su prólogo, ante un texto rizomático, es decir, lateral e intermedio. ¿Que qué es un rizoma? Pues lean el prólogo, la novela y a Deleuze y saldrán de dudas. Lo importante aquí es apuntar que “Nocilla Dream” juega con la idea de transversalidad, y es ahí donde quiero detenerme. ¿Por qué sigo considerando, después de casi año y medio y de un reconocimiento unánime de la crítica, que “Nocilla Dream” debe leerse? Porque constituye, a mi juicio, uno de los mejores intentos en la reciente novelística española por apresar eso que llaman la “desconcentración”. Si es verdad que nos encontramos, definitivamente, ante un mundo entrópico, desprovisto de grandes relatos, sujeto a la precariedad y atravesado por infinitas fragmentaciones, entonces esta novela supone un esfuerzo serio y riguroso por captar dicho proceso. Si es verdad que, como señalaba Jameson, la posmodernidad es la «desaparición de algunos límites o separaciones clave, sobre todo la erosión de la antigua distinción entre la cultura superior y la así llamada cultura de masas o popular», entonces “Nocilla Dream” vuelve a ser una vez más una de las novelas recientes que mejor han sabido armar esta relación. Por todo ello sigue mereciendo la pena leerla, adentrarse en su universo particular y caótico. Otra cosa es que ninguna de las afirmaciones anteriores sean ciertas. Otra cosa es que la “desconcentración” no sea tan real sino una nueva ficción, un nuevo rizoma inacabado que se proyecta hacia el infinito sin solución de continuidad… Incluso en ese caso, esta novela seguiría siendo un espléndido retrato de esa mecánica sin fin. El argumento es sencillo: Nevada, una carretera —la US50—, un árbol del que cuelgan extrañamente miles de pares de zapatos y un sinfín de personajes e historias que se entrecruzan y dispersan a ritmo vertiginoso. Nada más, y nada menos.


