martes, 24 de junio de 2008
Cambio de nido
Nuestra nueva dirección es ésta:
http://blogs.laopinioncoruna.es/pajarosdepapel/
sábado, 21 de junio de 2008
Los límites del sarcasmo

Paasilinna, Arto
Anagrama, 2007
Delicioso suicidio en grupo es el título de la novela más conocida de Arto Paasilinna. Aunque parezca imposible poner juntas expresiones tan incompatibles como “delicioso”, “suicidio” y “en grupo”, en realidad no lo es para este osado narrador finlandés que nos brinda un irreverente viaje a los límites del sarcasmo.
Entre los años 80 y 90, Finlandia era uno de los países de Europa con un índice de suicidios más elevado. Según los datos del Programa de Prevención del Suicidio de la Organización Mundial de la Salud, en 1990, año de publicación de esta novela, la tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes era de 30,3 (49,3 para los hombres y 12,4 para las mujeres). Después de alcanzar ese máximo histórico de los últimos 50 años, las cifras empezaron a descender y en 2004 la tasa se redujo a 20,3 (31,7 para los hombres y 9,4 para las mujeres). Estas escabrosas estadísticas sólo la superan hoy Bielorrusia, Rusia, Ucrania, Hungría y Letonia. Afortunadamente, la situación en España es más alentadora, si bien en 1990 la tasa era de 7,5 (11,2 para los hombres y 4,1 para las mujeres) y en 2004 ha subido hasta 8,2 (12,6 para los hombres y 3,9 para las mujeres).
Pero estas cifras, más allá de la frialdad de la estadística, sin importar el país, la clase social o el nivel cultural, esconden íntimas tragedias de desconsuelo y desesperanza de alcance universal. Con su tono entre elegíaco e irónico al mostrarnos actitudes y situaciones, con su capacidad para sacar el máximo partido al humor negro con que el lenguaje cotidiano corteja los tabúes de la muerte, Paasilinna acierta a conmover y provocar carcajadas con singular maestría.
Delicioso suicidio en grupo es, además, una celebración del amor y de la amistad que nos hace reflexionar sobre la soledad como una patología de la sociedad contemporánea. El viaje iniciático que emprenden los suicidas de la novela por media Europa no es sino un intento de superación de la conciencia mutilada incapaz de correr al encuentro del otro.
miércoles, 4 de junio de 2008
Elegía al amigo muerto

Romeo, Félix
Plot (2008)
“Voy a escribir una biografía de un amigo mío, Chusé Izuel, que se suicidó cuando vivíamos en Barcelona hace 10 años… voy a ser un detective que trata de averiguar algo sobre sí mismo a través de otro”. “No quiero hacer una biografía”. “Tu muerte fue una bendición para mí: no habría vuelto a escribir si tú hubieras seguido vivo”.
Admito que quizá no pueda escribir una reseña de este libro, flujo de vida hacia la muerte ya ocurrida. Tan hondo ha sido el impacto sobre mí, hecho de gotas de vida y poesía, de esta novela candentemente gélida sobre la que brota una narrativa pura, destilada, dolorosa y doliente, que parece acompañarme desde su lectura. Así pues, optaré por guiar la reseña con fragmentos de su cuerpo que acompañarán mis palabras quedas.
Félix Romeo traza un triángulo de amigos y abre el texto dedicando la obra a Bizén, el otro compañero. Pocas fotos se conservan de Chuse Izuel (Zaragoza, 1968 – Barcelona, 1992), apenas la que encabeza esta reseña, ya que nunca quiso ser retratado y rompía aquellas imágenes en las que aparecía. El autor, investido por la muerte como un sincero narrador, recuerda la figura de Chusé Izuel sin concesiones: buceando en los documentos, pero usando sus propios recuerdos y sensaciones; dándoles cabida y disposición narrativa tamizados a través de una poética desoladora y amarga.
Así, hecho de materia viva, se reconstruye un recuerdo capital, la figura y la muerte de un amigo, un colega narrado y narrador, autor de un único libro de relatos (Todo sigue tranquilo, Editorial Libertarias, 1994). La ¡¿Novela?! se convierte así en una suerte de terapia y homenaje triste, desde la imposibilidad de resucitar al ser querido, ni siquiera de comprenderlo. Romeo no oculta sus cartas y como ocasional narrador, rellena esos huecos entre los fragmentos textuales con pureza y desolada densidad narrativa.
“Yo tampoco te conocía y estoy haciendo como el cura: largar un responso y enterrarte. Lavar mi conciencia”.
Lo que quedará siempre es una hermosísima novela híbrida y posmoderna, esa que es capaz de mezclar sabiamente metales de realidad y ficción en una aleación que reinventa el género y lo hace más moderno y atractivo, desmintiendo a los que lo creen muerto.
Fragmento de entrevista de Chusé Izuel a Luis Goytisolo en el que éste último dice:
sábado, 31 de mayo de 2008
Autobiografías de lo extraño

Mario Bellatin
(Anagrama, 2007)
Si preguntamos al lector medio de nuestro país por literatura hispanoamericana, seguramente las primeras referencias que lleguen a nuestros oídos serán «Boom», «Realismo mágico», «Editorial Sudamericana», «Márquez, Fuentes, Vargas Llosa, Cortázar, Carpentier» y así hasta un largo etcétera de lugares más o menos transitados. Pero como no podía ser de otro modo, muchas cosas han cambiado en la narrativa latinoamericana reciente. Para empezar, el horizonte escriturario se ha diversificado, se ha fragmentado, y a los polos de fuerza tradicionales (México, Argentina, Chile, Colombia, Perú, Cuba y Brasil), se le han ido añadiendo nuevas realidades difíciles de clasificar (pensemos, por ejemplo, en la escritura chicana de EEUU). Pero no es aquí donde querría detenerme. Si la imagen colectiva que aún conservamos de «lo hispanoamericano» se enraíza (de manera deforme) en esa suerte de mixtura entre surrealismo, indigenismo y populismo, es porque seguimos anclados en un etnocentrismo ramplón. Ya lo dijo Enrique González Rojo en una entrevista de 1930 (uno de los máximos promotores del grupo poético mexicano “Contemporáneos”): «El europeo no siente curiosidad por nuestras actividades intelectuales y artísticas. Su situación prominente en el desarrollo de la cultura actual lo hace ser, si no despectivo, cuando menos indiferente a manifestaciones que considere reflejo de las suyas. Sólo le llaman la atención nuestra arqueología y… nuestras revoluciones.» Pues bien, la obra del mexicano (aunque criado en Perú) Mario Bellatin impone quitarse esta venda de los ojos. En el Gran Vidrio asistimos al relato de tres autobiografías que nada tienen que ver ni con el realismo mágico, ni con el indigenismo, ni con la denuncia social. Muy al contrario, nos enfrentamos a la torsión de la realidad, al descubrimiento de lo extraño, lo fantasioso, lo puramente fragmentado que hay en la identidad. Da igual México que Irán, da igual un transexual que un maestro sufí, da lo mismo un niño convertido en expositor de genitales que una mujer-hombre transformada en marioneta y escritor cuya danza mecánica trata de evitar el desahucio de la casa. Se trata de ficción. Se trata de recuperar el poder demiúrgico de la palabra y romper, así, la camisa de fuerza de la identidad. Lo resume “ficcionado” también el propio Bellatin: «¿Qué hay de verdad y qué de mentira en cada una de las tres autobiografías? Saberlo carece totalmente de importancia. Hay una cantidad de personajes reales comprometidos. Un antecedente personal que tiene que ver con la estirpe de corte fascista de la que provengo, una secretaria enferma, la imposibilidad de habernos conformado como una familia normal. La necesidad de borrar todas las huellas del pasado, de difuminar lo más que se pueda una identidad determinada, basada principalmente en la negación del tiempo y el espacio que supuestamente debían corresponderme. Cambiar de tradición, de nombre, de historia, de nacionalidad, de religión, son una suerte de constantes. […] Pero no para crear nuevas instituciones a las cuales adscribirme. Sencillamente para dejar que el texto se manifieste en cualquiera de sus posibilidades». Si busca en Bellatin a Vargas Llosa, Fuentes, Márquez o Rulfo se equivoca, topará con Kafka, el Bartleby de Melville ó Pessoa. Narrativa de lo extraño. Obra en el sentido en que Barthes calificaba al “autor” (écrivain) como fundador de discursividad, en contraposición de “escritor” (écrivant) entendido como productor de textos. Espero que les apasione tanto como a mí.
domingo, 25 de mayo de 2008
Confrontación del dolor

La voz del poeta
Phillipe JACCOTTET.
Ediciones del Círculo de Bellas Artes. 2007.
Prólogo de Juan Barja y traducción de Rafael-José Díaz.
Más que reseña de libro en sí, quiero presentar esta brevísima joya como una invitación a redescubrir esta voz insobornable, aprovechando que vuelve a Madrid a leer el próximo 11 de junio. Cantos de abajo supone la personal selección que hiciera el poeta suizo Philippe Jaccottet de su libro A la luz del invierno durante la lectura de poemas celebrada en el Círculo de Bellas Artes el 6 de mayo de 1998. Diez años después el poeta regresa a nosotros y por ello merece la pena releer su trabajo.
De la mano en este caso de su excelente traductor (el también poeta Rafael-José Díaz), Cantos de abajo constituye una cata deslumbradora en la obra de este autor. Como nos advirtiera Enrique Moreno Castillo en su Dieciocho poetas franceses contemporáneos la poesía de Jaccottet “habla, con un lenguaje humilde y despojado, del desamparo del hombre, de la transitoriedad y de la muerte”. Cantos de abajo no escapa a estos mismos temas y, de manera unas veces sombría («Tengo la cabeza llena de vislumbres, reflejos / en las trampas de un río tenebroso,/ me acuerdo de bocas infatigables en sus bordes—») y otras indagatoria («Escribe rápido este libro, acaba hoy pronto este poema / antes de que te atrape la duda de ti mismo»), nos coloca ante la propia fragilidad del ser humano con lucidez y sin escapismos velados.
La obra de Jaccottet constituye una parada imprescindible en la poesía francesa de la segunda mitad del siglo veinte, junto a otros nombres como Francis Ponge (con quién trabó amistad) o Yves Bonnefoy (por citar sólo dos de los que han sido profusamente traducidos en España). Por todo ello, debemos felicitarnos por la recuperación de este texto y animamos a todos los lectores a reencontrarse con un poeta que, evitando cualquier veleidad preciosista, nos dibuja su personal “confrontación del dolor”. Disfrútenlo.
jueves, 22 de mayo de 2008
Camino de destrucción

MCCARTHY, Cormac
¿Quién es Cormac McCarthy? Aunque unas pocas fotografías nos dan idea de su semblante concentrado, cuidar de su intimidad y rehuir las entrevistas le ha permitido forjarse una biografía casi tan secreta como la de J. D. Salinger (El guardián entre el centeno, 1951) o Thomas Pynchon (El arco iris de la gravedad, 1973). Al menos, el éxito de la película No es país para viejos, de los hermanos Coen, basada en una novela suya, le ha brindado la oportunidad de ganar más lectores.
La carretera (Premio Pulitzer, 2007) tiene vocación de apocalipsis. Desde el punto de vista de la historia, nos presenta un mundo asolado que la catástrofe ha cubierto de una pátina de ceniza permanente; desde el punto de vista del relato, la fragmentariedad del discurso adelgaza el estilo a una prosa seca con intermitentes rescoldos de lirismo.
Un padre y su hijo peregrinan hacia el sur por una carretera que podría llevarlos a la salvación. Sólo el contrapunto de las ciudades calcinadas y los pueblos de donde apenas puede rescatarse nada los aparta de la ruta en busca de alimento. En un cambio de era donde la naturaleza es ajena al sufrimiento y donde la ética es un terreno baldío, la ambigüedad lo penetra todo: la trampilla del sótano de una casa abandonada puede llevar al espanto o a la felicidad como si entre ellos no existiera gradación alguna.
Que nadie espere una novela experimental al uso: aquí importa la intensidad del símbolo, no el alarde técnico. No obstante, más allá del admirable logro de atraparnos en una desolación sin límites, una cierta monotonía descriptiva, sobre todo en el primer tercio de la obra, y un exceso de esquematismo en el retrato de los personajes amenaza la perfección de La carretera.
domingo, 18 de mayo de 2008
Devastación
No soy muy dado a comentar libros basándome en su carga emocional, creo que su apreciación puede ser aún más subjetiva de lo que por si ya resulta el comentar una obra de ficción. Ha pasado un tiempo desde que acabé esta novela de Ian McEwan, autor del que solo había leído anteriormente Amsterdam (de la que guardo un agradable aunque muy difuso recuerdo) y aun no puedo desligar el placer literario que me produjo del amargo y doloroso trueno que provocó en mi interior. Así que mando a paseo los consejos de mantener la cabeza fría y me lanzo sin vergüenza a recomendar esta breve e intensa novela con el ardor de un ingenuo novato.
No obstante he de hacer una aclaración. No suele ser habitual, pero leí Chesil Beach en ingles. De vez en cuando leo en su idioma original algún ensayo pero meterse con una novela es harina de otro costal. No obstante la he releído en su bien trabajada traducción al castellano y no ha variado un ápice mi opinión sobre la misma. Pues bien, todo esto viene al caso de que cuando recibí On Chesil Beach una de las cosas que más me sorprendieron era la frase 'promocional' que aparecía en la cubierta, al parecer extraída del suplemento dominical del diario The Independent. 'Wonderful... Exquisite... Devastating', rezaba la misteriosa línea. Una vez acabada la lectura no puedo estar más de acuerdo con el autor de ese haiku critico, ese slogan minimal.
Protagonizan la obra de McEwan una pareja de recién casados en un día de verano de 1962. Dos jóvenes, juiciosos y maduros, bien educados, que acaban de llegar a un hotel de la costa británica en su noche de bodas. El autor describe con puntilloso detalle cada instante de esa primera intimidad matrimonial desplegando una cualidad casi decimonónica en su análisis de los miedos e inseguridades de la joven pareja. Los capítulos de meticuloso acercamiento carnal se van alternando con miradas al pasado de los protagonistas. En éstos, McEwan va describiendo la inevitabilidad de un destino caprichoso que empareja a dos personas azarosamente y que, por lo tanto, tiene el mismo poder de unir como de separar tan solo ayudándose de un instante afortunado o cruel.
Con un estilo elegante, incisivo, punzante en ocasiones en lo que a las observaciones intimas se refiere, el escritor va construyendo lo que en principio puede parecer una placentera lección de amor y amistad y acaba siendo un drama, no por dilatado, inevitable. Y es que hay un germen anidando en esa relación, un tumor que, desgraciadamente, marcará las horas inmediatas a la boda. La novela parece avanzar hacia un huracán de reprimendas y acaba en un pozo de hermosa desesperanza y bella amargura. En sus páginas finales se plantea una última mirada hacia el futuro de los protagonistas que no hace sino acentuar la sensación que ya nos advertía la frase promocional, devastación. Una devastación íntima, una voladura controlada de los sentimientos. Y sobre la nube levantada por esa milimetrada explosión, surge el polvo, ese polvo enamorado de Quevedo, que parece que se nos meta en los ojos y nos los irrite. A mi al menos, aquel polvo de la devastación hizo que se me humedecieran los ojos, será que tengo sensible la conjuntiva…
sábado, 17 de mayo de 2008
Día das Letras
Cuarenta y cinco años después, es el escritor tudense José María Álvarez Blázquez el distinguido por su contribución a la literatura en lengua gallega.
viernes, 16 de mayo de 2008
El vano ayer o la memoria recobrada

Editorial Seix-Barral. 2004.
Decía Mallarmé («Magie», Ouvres, Paris 1945) que sólo dos vías están abiertas a la investigación mental: la estética y también la economía política. Sin duda, El vano ayer viene a confirmar esta tendencia bifronte. Por encima de cualquier otro elemento estilístico (del que daremos cuenta más tarde) o argumental, esta obra bucea de manera, a mi juicio, soberbia en esa doble ladera que apuntaba el poeta simbolista francés. De un lado la estética, que arma un discurso narrativo riguroso, bello, atravesado por distintos planos del lenguaje que contribuyen, de manera perfecta, al objetivo de la novela. Por otro, la economía política, entendida como la huella sociológica donde se inscribe el argumento de la narración. Si la historia intenta reconstruir las vicisitudes y desapariciones de dos personajes, el profesor universitario Julio Denis y el estudiante-militante comunista André Sánchez; lo hace a la manera de un gran mural donde interaccionan, se dispersan y confluyen voces anónimas procedentes de la sociedad tardofranquista. Ahora bien, no estamos ante una obra costumbrista, más o menos afinada en su contextualización histórica, se trata más bien de un replanteamiento de la cuestión. Pasados más de treinta años desde la llegada de la democracia, nos encontramos (o deberíamos hacerlo) fuera ya de excusas desresponsabilizadoras, homenajes a la transición, y/o “descargos de conciencia” más o menos emboscados. El vano ayer pone el dedo en la llaga y a través de su andamiaje literario, devuelve al pulso de la acción y reflexión civil las implicaciones morales, éticas, económicas, jurídicas y políticas que supuso el franquismo. No estamos ante una obra bienintencionada, sino ante un poderoso ejercicio de retrospección que dialoga con el presente y desdeña los paños calientes que sabieron administrar las fuerzas políticas y económicas de la época. Quien espere un relato tranquilizador se ha equivocado. Quien, por el contrario, necesite desenmascarar ese periodo reciente de nuestra historia para comprender el alcance del silencio al que nos obligó la Transición, ha llegado al puerto adecuado. Y acabo ya. Decía que dejaba para el final el elemento estilístico. Pues bien, otro de los aciertos del libro es la sabiduría arquitectónica. Si nuestros tiempos son épocas de fragmentación, qué mejor que una obra en marcha para dar cuenta de esa realidad difusa, una novela que se va hilando a medida que avanza, con la participación activa del lector, restituyendo en la reciente narrativa española una suerte de anhelo vanguardista a la manera de Cortázar. Lo expresa mejor el propio autor: Quizás, más probable, estamos ante una confesión de invalidez, el recurso reconstructivo de quien no sabe, no puede o no quiere construir, y que al final, en la última página, comprueba entre lamentos que no hay otro modo, que siempre se acaba construyendo algo. Sólo me queda decirles una cosa: disfruten la novela.
lunes, 12 de mayo de 2008
Encuentro digital

a nosotros tu reino.
Las preguntas al escritor pueden
formularse aquí.
domingo, 11 de mayo de 2008
El mejor Booker

Los finalistas seleccionados por el jurado son, por este orden:
-The Ghost Road, de Pat Barker (1995);
-Oscar y Lucinda, de Peter Carey (1988);
-Desgracia, de J.M. Coetzee (1999);
-El conservador, de Nadine Gordimer (1974);
-y El sitio de Krishnapur, de J.G. Farrell (1973)
El ganador de los ganadores del Booker, que se entregó por primera vez el 22 de abril de 1969, se conocerá el 10 de julio durante el Festival de Literatura de Londres. Para votar, los lectores pueden hacerlo a través de la página web del certamen y por sms.
sábado, 10 de mayo de 2008
La casa natal de Galdós

La página web del centro museístico, que depende del Cabildo de Gran Canaria, reúne numeroso material sobre el escritor y sobre las actividades y proyectos literarios referidos a su obra.
viernes, 9 de mayo de 2008
Para buscar
La página se llama Primera Vista y puede consultarse aquí.
martes, 6 de mayo de 2008
Humor absurdo en la Palestina del año 0
lunes, 5 de mayo de 2008
Nocilla Dream o el movimiento transversal

Agustín Fernández Mallo
Candaya, 2006
Un vistazo rápido a la novela nos revela que nos encontramos, tal y como brillantemente expone Juan Bonilla en su prólogo, ante un texto rizomático, es decir, lateral e intermedio. ¿Que qué es un rizoma? Pues lean el prólogo, la novela y a Deleuze y saldrán de dudas. Lo importante aquí es apuntar que “Nocilla Dream” juega con la idea de transversalidad, y es ahí donde quiero detenerme. ¿Por qué sigo considerando, después de casi año y medio y de un reconocimiento unánime de la crítica, que “Nocilla Dream” debe leerse? Porque constituye, a mi juicio, uno de los mejores intentos en la reciente novelística española por apresar eso que llaman la “desconcentración”. Si es verdad que nos encontramos, definitivamente, ante un mundo entrópico, desprovisto de grandes relatos, sujeto a la precariedad y atravesado por infinitas fragmentaciones, entonces esta novela supone un esfuerzo serio y riguroso por captar dicho proceso. Si es verdad que, como señalaba Jameson, la posmodernidad es la «desaparición de algunos límites o separaciones clave, sobre todo la erosión de la antigua distinción entre la cultura superior y la así llamada cultura de masas o popular», entonces “Nocilla Dream” vuelve a ser una vez más una de las novelas recientes que mejor han sabido armar esta relación. Por todo ello sigue mereciendo la pena leerla, adentrarse en su universo particular y caótico. Otra cosa es que ninguna de las afirmaciones anteriores sean ciertas. Otra cosa es que la “desconcentración” no sea tan real sino una nueva ficción, un nuevo rizoma inacabado que se proyecta hacia el infinito sin solución de continuidad… Incluso en ese caso, esta novela seguiría siendo un espléndido retrato de esa mecánica sin fin. El argumento es sencillo: Nevada, una carretera —la US50—, un árbol del que cuelgan extrañamente miles de pares de zapatos y un sinfín de personajes e historias que se entrecruzan y dispersan a ritmo vertiginoso. Nada más, y nada menos.
domingo, 27 de abril de 2008
¿Qué te has comprado en el Día del Libro?
martes, 22 de abril de 2008
Ernesto García López, colaborador de Pájaros de papel, presenta su libro el Desvío del Otro
EL DESVÍO DEL OTRO de Ernesto García López
viernes, 18 de abril de 2008
Tragicómico fresco siciliano del XIX

Andrea CAMILLERI
Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) es un director teatral y televisivo italiano metido a novelista tardío. Comenzó a publicar con casi 60 años y el éxito le llegó en 1994 gracias a las novelas policiacas del comisario Salvo Montalbano (en homenaje a Vázquez Montalbán). Sin embargo La concesión del teléfono no tiene nada que ver con el género policiaco, sino que pertenece a su serie de novelas históricas ambientadas en la Sicilia del siglo XIX.
La solicitud de concesión de una línea telefónica en Vigàta, un pequeño e imaginario pueblo siciliano, desata una divertida cascada de peripecias que cambiarán la vida de dos amigos de la infancia: Pippo Genuardi y Sasà La Ferlita. Dos tramposos que viven de dar pequeños sablazos en su entorno más cercano y que romperán su amistad en apenas año y medio. Los dos infelices se verán entre la Mafia y el Estado, atrapados entre “Il Comendatore” Don Lollò y el Prefecto de la isla con todo su aparato burocrático detrás, siempre a merced de su influencia omnipotente, lo que provocará divertidos giros en la narración. Además una caterva de secundarios (la mujer, la amante y el suegro de Pippo, carabineros, cuerpo de policía, funcionarios de correos, el hermano de Sasà…) se verán arrastrados en una espiral tragicómica divertidamente funesta.
El autor desaparece sabia y totalmente de las páginas para dar todo el protagonismo a las voces de los personajes a través de una sencilla estructura: cosas dichas (principalmente diálogos en estilo directo puro) y cosas escritas (sobre todo cartas, informes y notas que se cruzan los personajes durante toda la narración).
El resultado es la total renuncia a un narrador y a las posibles “interferencias” que pudiera ejercer sobre la historia. La novela no se resiente y gana en frescura gracias al pomposo lenguaje burocrático epistolar y a la viveza de las conversaciones. También en realismo, al presentar un sólido anclaje espacio–temporal: Sicilia de 1891 a 1892, lo que le permite hacer un vívido retrato irónico de su sociedad y los poderes que la componen; una región que en esta época vive entre el progreso que asoma y la recién estrenada unidad italiana, oprimidas ambas por el Estado y la Mafia. Así pues, esta novela es un fresco siciliano cómico, amargo y realista ejecutado con un brillante y rico ejercicio de estilo novelístico.
sábado, 12 de abril de 2008
Una vida paralela para poder vivir

Luis LANDERO
miércoles, 9 de abril de 2008
Tiempo de mosqueteros

Samuel Benchetrit (Champigny-sur-Marne, 1973) tiene cara de niño malo que, además, quiere parecer que lo es; escribe un libro cuyo título, Crónicas del asfalto, hace presagiar una historia de excesos y marginalidad bailando en los límites de lo lícito; y ha sido definido como un escritor que es a la literatura “lo que los Sex Pistols al rock”. Todo ello tan estereotípico como para desanimar a cualquier lector sensato, que, sin embargo, se equivocaría fatalmente si dejase escapar este libro.
Crónicas del asfalto es una obra concebida en cinco volúmenes y pretende contar los primeros treinta años de la vida de un autor que ronda los treinta y cinco. El tiempo de las torres, como se denomina esta primera parte, es el tiempo de la infancia y la adolescencia en un bloque de viviendas de un suburbio parisino, donde lo que en manos de otro autor podría resultar violento, sórdido y procaz es, a través del recuerdo narrado de Benchetrit, duro casi siempre, sonrojante a veces y enormemente tierno.
El autor presenta a sus vecinos planta por planta, desde el viejo señor Stern del primero, que se niega a pagar lo mismo que el resto de propietarios por el ascensor nuevo, hasta la señora Hamida del duodécimo, que un día encuentra en su puerta a un astronauta recién caído del espacio, y lo hace con una prosa limpia, justa, y una técnica muy eficaz, con la que logra recrear ese tiempo de la adolescencia -que en su caso es también en buena medida el de la delincuencia juvenil- sin idealizarlo ni tampoco hacer de él un melodrama.
Como buen adolescente, Benchetrit vive esos años flanqueado por tres mosqueteros: Dedé, hijo y hermano de basureros y candidato a seguir la misma carrera; Karim, miembro de una familia de origen argelino y camello ocasional; y Daniel, que vive con su madre, sus hermanas gemelas y su padre, postrado y conectado a un respirador, y que es especialista en arrancar orejas. Con ellos compartirá momentos de violencia, sexo y miseria, pero también aventuras tiernas y cómicas que invitan a revisar ese tiempo extraño, ridículo y dramático que constituye la adolescencia.
sábado, 29 de marzo de 2008
Ensalada póstuma del apátrida de gafas redondas

Roberto BOLAÑO
“De lo perdido, de lo irremediablemente perdido, sólo deseo recuperar la disponibilidad cotidiana de mi escritura, líneas capaces de cogerme del pelo y levantarme cuando mi cuerpo ya no quiera aguantar más”.
Exiliado desde los 20 años, primero en Méjico, después en España. Bolaño es un auténtico superviviente de la generación más joven que luchó y sufrió el otro 11–S, el de 1973 en Chile. En su caso la prisión fue efímera, un golpe del destino sucedió al golpe de estado. Uno de sus carceleros, compañero de colegio, lo sacó de los calabozos donde se hacinaban los represaliados políticos. Quizá entonces comenzó un exilio vivido de forma nada traumática y una búsqueda de su propia identidad literaria jalonada de cientos de lecturas, influencias y amistades.
En esta obra póstuma subtitulada “Ensayos, artículos y discursos (1998–2003)” brilla desafiante y mordaz la prosa menos novelesca del escritor apátrida. Es pues una miscelánea que recopila artículos principalmente de crítica literaria española e hispanoamericana del siglo XX habitados por amigos, por filias y fobias librescas y por una pasión literaria total. Son en general, pequeñas píldoras de, a lo sumo, un par de páginas que van de la narrativa a la poesía interrogándose el talento y la novedad de decenas de autores y autoras de fama irregular o injusta, las más de las veces.
También se incluyen algunos discursos o conferencias de tono y estructura atípica, incluso una crónica de su retorno al país natal tras casi veinte años de alejamiento físico, además de un pregón de fiestas y otros artículos de homenaje a Blanes y la Costa Brava, su lugar de adopción en España. Este cajón de sastre que recorre los cinco últimos años de la vida del autor se cierra con una curiosa entrevista de la revista Playboy, la última que concedió y que fue publicada póstumamente.
Pero en general, sus filias y fobias literarias y la pasión con la que escribe de los libros que devoró, dominan los textos. Cercano a sus amigos, azote deslenguado, en sus artículos y discursos late el alma de un superviviente rodeado de libros y escritos. Bolaño siempre es mucho más: sentido lector de poesía, agudo espectador en la distancia de la crónica literaria chilena o experto gourmet de literatura en general e hispanoamericana en particular.
Tierna y corrosiva a la vez, esta ensalada ensayístico–periodística a nadie dejará indiferente y seguramente proporcione pistas y referencias al que se acerque a ella con ganas de nuevas emociones literarias.
lunes, 24 de marzo de 2008
Entrevista con Eduardo Mendoza (y II)
P: Hace diez años planteó la muerte de la novela, un tema sobre el que luego ha vuelto a hablar. ¿Cuál ha sido la evolución del género desde aquella declaración?
R: Yo no dije que la novela hubiera muerto, sino una forma particular de novelar y la evolución me ha dado la razón. No era el único que decía que, en estos momentos, es infrecuente una novela convencional, de las que yo decía que no podían seguir viviendo. Siempre quedan novelas arcaicas que son “best-sellers”, pero la de actualidad es una novela reportaje, en la que hay una mezcla de realidad y ficción, de periodismo y relato, de historia, de conocimiento, de información.
P: ¿Podría decirse una novela multidisciplinar?
R: Por ejemplo, sí.
P: ¿Hasta cuándo va a continuar la influencia del periodismo en la novela?
R: Yo creo que el periodismo, que hasta hace poco ocupaba un lugar muy específico, en estos momentos ha invadido un gran territorio. El discurso intelectual individual y colectivo se realiza en el periodismo. Antes, el periodismo informaba y, a veces, era el órgano de un determinado sector político o religioso, pero no tenía este proyecto de englobar la sociedad. De hecho, se podría vivir sin leer más que periódicos o escuchar la radio o la televisión porque su campo de acción es total. Esto tiene que influir forzosamente.
P: Usted citó “Soldados de Salamina”, de Javier Cercas, como uno de los referentes de la novela actual, ¿por qué?
R: Sí, yo creo que fue una de las novelas que marcó esa diferencia y seguramente en la historia de la narrativa española se considerará un hito, al margen de sus valores, precisamente porque allí radicaba buena parte del atractivo que tuvo y sigue teniendo. Tiene otros atractivos, como que es interesante, que está bien escrita, que es divertida, que trata de un tema importante y lo trata de una forma que sólo se podía tratar en ese momento de esa manera, en esta especie de periodismo ficción, metaficción, en la que el autor se incluye dentro de la novela con elementos verdaderos y falsos.
P: ¿Es “Mauricio y las elecciones primarias”, su última novela, un ejemplo de novela actual?
R: No, por ir contracorriente. No porque me parezca interesante, sino porque me parecía que había que tratar el tema de una manera como antigua, con una receta casera, y prescindí de estos juegos. Es una novela tradicional, es una clara evocación de la novela tradicional. También esto es una forma de salir de la novela convencional, que es una novela que cuenta con la complicidad y el conocimiento literario del lector. Ya no se leen las novelas de ida, sino siempre de vuelta, de alguna manera.
P: ¿Se plantea continuar con la novela “seria”?
R: Sí, me gustaría continuar esta historia (“Mauricio o las elecciones primarias”), no necesariamente con los mismos personajes. Me pareció que me quedaba corto, no porque tuviera muchas cosas que decir, sino porque quería trabajar este momento.
P: ¿Qué es lo que se transmite en una novela?
R: No lo sé. Leemos novelas escritas en países remotos, en tiempos remotos. Seguramente, si un japonés del siglo pasado supiera que le leemos, pensaría ¿qué pueden entender? y, sin embargo, lo entendemos, entendemos lo que nos imaginamos a partir de unas propuestas. Cada cultura lee, pero lo lleva hacia un terreno u otro. Esta novela (“Mauricio o las elecciones primarias”) fue leída en Francia como una novela esencialmente política, como una reflexión sobre los años de la post-transición en España, que efectivamente lo es. Pero en Alemania se leyó como una historia personal, de unos personajes que, en un momento de la historia, se comportan de una forma y entablan unas relaciones individuales, que también lo es.
sábado, 15 de marzo de 2008
Virtuoso ejercicio de escritura vital
Las pequeñas virtudes (2006),
Natalia Ginzburg
sábado, 8 de marzo de 2008
El blog de Pla

viernes, 7 de marzo de 2008
Entrevista con Eduardo Mendoza (I)
R: Yo no me incliné por el elemento humorístico, no creo que uno decida ser serio o cómico o lírico, sino que uno es como es, y cuando se pone a escribir, se pone a escribir con su propia personalidad. Uno refleja su personalidad y la mía es así.
Por otra parte, desde hace un tiempo considerable el elemento humorístico es imprescindible en la narración, hay muy poca a partir de un momento del siglo XX en que el humor no esté muy presente.
P: ¿Es el humor hoy una necesidad en las novelas?
R: En la narración, no sé si es una necesidad, pero desde luego es uno de los elementos del lenguaje que está presente desde Joyce, Kafka, Beckett o Thomas Bernhard. Son gente que utiliza el humor como elemento propio de la novela, quizá porque la novela prescindió durante mucho tiempo del humor. La novela del siglo XIX es una novela sin humor, no está concebida desde el humor.
P: Barcelona y los personajes marginales o que tienen contacto con algo marginal que les condiciona son otros rasgos de su narrativa. ¿Qué le llevó a marcar estos rasgos?
R: Desde el principio, un tema que me interesa mucho es la evolución de las ciudades como entes autónomos. Todo el mundo está convertido en ciudades, casi no queda campo, a diferencia de otras épocas.
Esto hace que la ciudad se convierta en algo muy importante y, al mismo tiempo, el ciudadano es un poco alguien marginal que llega a la ciudad y ha de conquistarla. No ha de conquistar su puesto de trabajo, su lugar en el mundo, sus relaciones personales, sino que ha de conquistar, de alguna manera, la ciudad. En estos momentos, el desarraigo es más frecuente que el arraigo.
P: ¿Refleja usted este desarraigo urbanita en sus personajes?
R: La condición humana, en estos momentos, es ser urbanita y desarraigado. Seguramente, antes era ser de pueblo y con hondas raíces que se hunden en el pasado, pero ahora es lo contrario.
P: Dentro de su obra hay una parte menos conocida, el teatro, que lo escribe en catalán. ¿Por qué utiliza el catalán en el teatro?
miércoles, 5 de marzo de 2008
Marcado por las marcas me desmarco
jueves, 28 de febrero de 2008
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Ernesto SÁBATO
Descubrir que hay alguien que ha visto lo “esencial”, intuir que existe una persona que puede entenderlo al él mismo, mueve al pintor a buscar por caminos inciertos y vacilantes a María Iribarne, hasta encontrarla, por casualidad, meses después. Todo el proceso que acaba desembocando en el crimen –cómo la conoció, cómo la amó y cómo acabó con su vida- es el que quiere contar Castel en su manuscrito, que convierte en una mezcla de novela policial y ensayo filosófico, delirante y desesperado sobre la existencia y la incomunicación humanas.
Esa primera persona que nos hace espectadores privilegiados del delirio de Castel, de su realidad deformada, y ese recurso al manuscrito que nos convierte en interlocutores nos fuerzan también a sentirnos implicados y nos obliga además a poner todo nuestro afán en comprender lo que parece incomprensible. “...y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general y de los lectores de estas páginas en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA SOLA PERSONA”, subraya el propio Castel. La locura del pintor lo envuelve y lo ahoga como a un barco las olas del temporal y, sin embargo, de vez en cuando recupera la lucidez y, como si sacase la cabeza del agua para respirar, se enciende ante sus ojos una luz, pero una luz negra: “...había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío (...) en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles”.
lunes, 11 de febrero de 2008
Novela negra a la española con fundamento

Tatuaje
Manuel VÁZQUEZ MONTALBÁN
La cocina novelística negra nos ofrece con esta receta una versión a la española de este conocido plato de amplia historia y prestigio (especialmente anglosajón). Así pues, los ingredientes son harto conocidos por el público, pero el chef y gourmet Vázquez–Montalbán es tan hábil como para seleccionarlos, dosificarlos y cocinarlos en su punto, adaptados al lugar y tiempo que reflejan y en el que fueron creados hace ya 33 años. El resultado es un Carvalho recién nacido (sólo dos años y una novela de experiencia literaria) en una salsa brillantemente salpimentada que sabe a la Barcelona canalla de los primeros 70.
Ingredientes
- Una Barcelona escenario de una trama de asesinatos, con un fugaz viaje a Ámsterdam, ciudad del pecado.
- Una banda sonora que sirve de título a la novela: la copla escrita por Rafael de León y cantada por Concha Piquer… “él vino en un barco de nombre extranjero, lo encontré en el puerto un anochecer…”
- Pepe Carvalho, un perdedor desencantado siempre brillante, de peculiares costumbres; un detective de morro fino en lo gastronómico y escéptico en lo profesional.
- 3 secundarios supervivientes: Charo, belle de jour, fiel compañera y prostituta de noche. Biscúter, su chef, ayudante y proveedor de los productos del gourmet detectivo. Bromuro, el soplón que siempre puede aportar datos útiles.
Modo de preparación
1) Busque un recipiente rígido pero sólido, de boca estrecha y cuerpo ancho, en el que entren los siguientes ingredientes: bajos fondos, vida nocturna y disoluta, buen paladar, misterio, un toque picante y erótico además de un buen chorro de crítica del tardofranquismo agonizante.
2) Tome al detective y póngalo ante un extraño caso de asesinato, con cadáver sin identidad y una frase tatuada en su piel: “He nacido para revolucionar el infierno”.
3) Déjele expurgar los libros, para que queme todos aquellos volúmenes que ha leído y no le han enseñado a vivir. (Toque cervantino)
4) Sepa darle peso a los demás personajes de la historia en certeras pinceladas y ocasionales apariciones que resulten relevantes no sólo en la trama, sino en el universo de la novela.
5) Y por último, no olvide que todos son sospechosos.
jueves, 17 de enero de 2008
Pantagruélico carnaval en Nueva Orleans

KENNEDY TOOLE, John
martes, 8 de enero de 2008
Triple salto mortal sin red en la Residencia

OREJUDO UTRILLA, Antonio
Imagínense a un insólito comando que aterroriza la Residencia de Estudiantes en el Madrid de los felices 20. Lo componen un violento y extremista sobrino de Azorín, un muchacho de pueblo y fortuna porcina con maneras de señor y otro sobrino, esta vez de Pereda, que resulta un resentido novelista frustrado. Su gamberrismo contra todo y todos los que les rodean, esos intelectuales de los que reniegan: Ortega, Lorca, Juan Ramón, Unamuno… es el hilo conductor de esta, por momentos, desternillante novela.
Sobre escenarios y nombres reales construye Antonio Orejudo una narración que ficciona el, quizá, momento más importante de la cultura española en el siglo XX: la génesis del grupo poético del 27, época en la que coinciden tres brillantes generaciones de escritores e intelectuales: el 98, el novecentismo y este colectivo de jóvenes estudiantes residentes.
Es esta, su primera novela, un trabajo arriesgado y ambicioso que se construye sobre una época y personajes reales. La ficción perpetrada sobre la historia logra transmutar la realidad de forma muy divertida, pero en ocasiones el juego parece que se va de las manos y cae en excesos. Exceso de subgéneros narrativos: cartas–testimonio a una revista, artículos periodísticos, autobiografía epistolar, citas de libros, anuncios de la prensa escrita de la época, correspondencia privada… que no resultan coherentes y desvían la atención.
Al final los elementos se desbordan: lo que parece una concreción espacio–temporal brillante de la narración termina de forma discontinua en una huida temporal hacia adelante. Las grotescas y divertidas personalidades de los personajes acaban resultando ridículas con el paso de los años y la acción, que se sucede vertiginosamente, pierde coherencia y efectividad
En definitiva, un prometedor debut en busca de la “novela total” que aunque muestra buenas dotes novelescas, termina resultando fallido por la acumulación de formas narrativas y hechos que diluyen el interés.